lunes, 29 de junio de 2015

Jornada celebrada en Valladolid sobre el SECTOR AGRÍCOLA

En Castilla y León el sector agrícola-ganadero se produce un elevado número de accidentes, teniendo en cuenta las características existentes con un gran número de pequeñas explotaciones agrícolas y ganaderas.

La mayoría de los accidentes ocurridos son diagnosticados de carácter leve, o ligeramente graves o pueden ser incidentes y los cuales no son declarados ante la Autoridad Laboral, con lo que no se contabilizan en las estadísticas de siniestralidad laboral, de ahí que los resultados son parciales, ya que faltan incluir muchos de los accidentes o incidentes que se producen a diario en el trabajo en el campo. Los accidentes que sí son declarados son los realmente graves, con daños importantes en la
salud del trabajador.

La actividad del sector está desarrollada también por un gran número de personas no declaradas como trabajadores en el régimen general, son trabajadores que lo hacen como complemento al titular habitual que suele ser de la familia, o personas que consideran ésta su segunda actividad o bien trabajadores ya jubilados pero que siguen desempeñando faenas agrícolas por ser propietarios de las tierras o de la ganadería.

El trabajo familiar cobra importancia ya que el titular de la explotación es ayudado por personas de la familia, como el cónyuge, hijos u otros parentescos, y la estacionalidad, según la época del año, con condiciones climatológicas muy distintas, con diversidad de tareas derivadas del trabajo y con gran proporción de autónomos.

En los últimos años y de forma estacional se han incorporado trabajadores temporeros o la creación de empresas para dar servicio a esa temporalidad, que trabajan de forma ocasional, como empresas de trabajo temporal, escogiendo a inmigrantes con diversidad de nacionalidades.

Las principales características del trabajo en el sector agrícola-ganadero, teniendo presente el uso actual de maquinaria, la fuerte mecanización y el incremento progresivo de productos químicos y fertilizantes como abonos, son las siguientes:

Gran variedad de actividades o tareas ejecutadas a lo largo del día, especialmente en pequeñas explotaciones, como son actividades de cultivo, arado, riego, tratamiento y aplicación de productos fitosanitarios, cuidado de animales, etc; utilizando diferentes equipos (gran maquinaria, herramientas
de mano, productos químicos) que en algunos casos son inadecuados, están anticuados o no cumplen todas las medidas de protección en materia de prevención de riesgos. Además, la misma tarea agrícola o ganadera puede ser realizada con aperos o maquinaria muy sofisticados o bien manualmente.
En cualquier caso, los riesgos son evidentes, a pesar de no ser siempre tenidos en cuenta por los trabajadores o asumirlos como propios del trabajo que ejecutan. El trabajador del campo piensa que son riesgos inevitables, asociados al propio trabajo y que vienen determinados por el azar.

Tareas realizadas en entornos y maquinaria muy diferenciados, por una parte, trabajos agrícolas en extensiones grandes de terrero con maquinaria pesada (arado, tractores, cosechadoras, sulfatadoras, etc.) y por otra, los realizados en pequeñas explotaciones con aperos más sencillos, pero igualmente
peligrosos, en los que en ocasiones no se percibe el peligro del elemento utilizado.

Tamaño variable de las empresas, pero en general con un elevado número de pequeños agricultores y ganaderos, en ocasiones con dispersión geográfica. Las explotaciones agrícolas y ganaderas (o el conjunto de las dos si el trabajador o empresario realiza ambas actividades) se encuentran aisladas
geográficamente, por lo que la persona está sola al realizar sus faenas diarias y con escasos recursos técnicos, formativos y desconocimiento de normas de actuación en caso de emergencia.
Se agrava la situación si se produce un accidente y el trabajador se encuentra solo sin ayuda.

Trabajo al aire libre con factores ambientales adversos, dependiendo de la climatología de la zona o de la época del año, altos ritmos de trabajo según el tipo de cultivo o la atención a la ganadería, horarios especiales (madrugada, mediodía, por la noche) adaptados a las necesidades agrícolas
y ganaderas, sobreesfuerzos con posiciones posturales forzadas que se agravan si las condiciones climáticas no son buenas para la realización de tareas (exposición prolongada al sol durante el verano o bajas temperaturas en el invierno), exposición a agentes químicos peligrosos durante la aplicación de productos fitosanitarios con daños en la salud como infecciones o enfermedades producidas a lo largo del tiempo, en especial si no se dispone de los equipos de protección adecuados – EPI’s, o teniéndolos el trabajador no se los pone.

Temporalidad y contratación periódica en determinadas épocas del año: el trabajador es contratado por temporadas (por tanto de forma intermitente o incluso de forma puntual) según la producción agrícola de la zona en la que trabaja, sin continuidad laboral, con cambio frecuente de trabajo y tareas
a desempeñar y movilidad geográfica.
En conclusión, la estacionalidad del trabajo del campo provoca en ocasiones una fuerte contratación en periodos breves de tiempo, no estando bien organizados los trabajadores contratados y con niveles de formación adecuados. Muchas de estas personas acceden a este trabajo con la idea de ser un primer peldaño para el acceso a otra actividad laboral en otro sector productivo, por tanto no hay continuidad en su trabajo, y en consecuencia hay una falta de información y formación en la prevención de riesgos laborales específica para el sector.

• Aumento de productos químicos especializados para el sector agrícola y ganadero con elevados riesgos tóxicos, aplicados directamente por el agricultor y que no son percibidos como tales, ya que las consecuencias se producen con el paso del tiempo y no de forma inmediata, no viéndose la
relación entre el uso y aplicación del producto fitosanitario y la enfermedad contraída. Hay una falta de colocación de los equipos de protección individual o de alguno de sus elementos, a pesar de disponer de ellos.

Aplicación menos eficaz de las técnicas de seguridad que en la industria, construcción y otros sectores productivos mucho más controlados y complejidad en el cumplimiento de la normativa de seguridad.

Dificultad de comprensión entre trabajadores y empresarios por las diferentes nacionalidades debido al elevado número de trabajadores inmigrantes, que suponen, en ocasiones, barreras culturales e idiomáticas, y que impiden una comunicación fluida para detallar tareas y medidas de prevención.

PRL como carga documental: La materia de prevención de riesgos laborales para el sector agrícola y ganadero es percibida como una carga administrativa, como una cuestión de “papeleo”, sin valorar el aspecto positivo que en la salud de los trabajadores y en la rentabilidad de la empresa pueden tener.

Fuente: Antonio Alonso Fermoso Director provincial Sociedad de Prevención de Fraternidad Muprespa. Revista de Prevención de Riesgos Laborales de Castilla y León nº 6.

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